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	<title>Relatos eroticos archivos - Ocio Adulto de Sevilla</title>
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		<title>El deseo hacia esa mujer II</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Sevillax]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Mar 2026 17:14:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>El deseo hacia esa mujer II El eco de aquella tarde en el salón de Elena no había dejado de retumbar en la cabeza de Julián durante las últimas dos semanas. El chaval ya no caminaba igual; la timidez seguía ahí, impresa en sus facciones jóvenes, pero ahora había un brillo distinto en sus ojos,...</p>
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									<h2>El deseo hacia esa mujer II</h2><p>El eco de aquella tarde en el salón de Elena no había dejado de retumbar en la cabeza de Julián durante las últimas dos semanas. El chaval ya no caminaba igual; la timidez seguía ahí, impresa en sus facciones jóvenes, pero ahora había un brillo distinto en sus ojos, el secreto de quien ha conocido la gloria entre las carnes de una mujer madura. Por eso, cuando recibió ese mensaje de texto a media tarde, el corazón le dio un vuelco: «Estoy tomando algo en el pub irlandés del centro. Ven. Trae ganas».</p><p>Julián no se lo pensó. Cuando cruzó la puerta del local, la penumbra del bar y el murmullo de la gente lo envolvieron. La buscó con la mirada y la encontró al fondo, sentada en un reservado de madera. Elena estaba espectacular. Llevaba unos vaqueros ajustados que remarcaban de forma pecaminosa el volumen de sus caderas y ese culo prominente que a Julián lo traía loco, combinado con una blusa negra de satén que, cómo no, insinuaba el contorno pesado y generoso de sus pechos.</p><p>Al verlo llegar, ella sonrió con esa suficiencia felina que tanto lo intimidaba y lo excitaba a la vez.</p><p><strong>La Tensión en la Barra</strong><br />Julián se sentó a su lado, rozando intencionadamente su muslo con el de ella. El calor corporal de Elena lo embriagó de inmediato.</p><p>—Qué puntual, me gusta —susurró ella, acercándose a su oído. El roce de sus labios le causó un escalofrío al chaval—. Pero hoy tenemos un pequeño inconveniente, mi amor. Me ha bajado la regla esta mañana&#8230; Así que ahí abajo no se puede tocar.</p><p>A Julián se le desinfló un poco el pecho, y Elena, notando la decepción inocente en su cara de chaval, soltó una risita ronca que le erizó los cabellos de la nuca. Le tomó la mano por debajo de la mesa y la guió directamente hacia su entrepierna, apretándola contra el tejido vaquero, donde se sentía el relieve de la compresa y el calor retenido.</p><p>—No pongas esa cara, tonto —le dictó al oído, con una voz cargada de un morbo insoportable—. Que no podamos hacer lo del otro día no significa que no te vaya a vaciar. Hoy vas a aprender a disfrutar de mi boca. Y me lo vas a dejar todo en la garganta, ¿entendido?</p><p>El pulso de Julián se disparó. La sola idea de ver a esa mujer tan imponente, la amiga de su madre, de rodillas ante él, le provocó una erección tan violenta que casi le dolió contra la cremallera del pantalón.</p><p>Elena apuró su copa, se levantó con parsimonia, regalándole a Julián un movimiento lento de su majestuoso trasero, y le hizo una seña con la cabeza hacia el pasillo de los baños.</p><p><strong>En los Servicios: El Morbo Prohibido</strong><br />El baño de hombres estaba vacío, oliendo a limpieza barata y a humedad. Elena entró detrás de él y echó el pestillo con un chasquido que sonó a gloria. El espacio era reducido, lo que los obligaba a estar pegados. Elena se apoyó contra la pared de azulejos, cruzando los brazos justo debajo de su pecho, realzándolo y haciendo que el escote de la blusa amenazara con desbordarse.</p><p>—Sácatela —ordenó con la mirada fija en la bragueta del chico—. Quiero ver cómo me esperabas.</p><p>A Julián le temblaban las manos. Se desabrochó el cinturón y bajó la cremallera. Su miembro saltó hacia fuera, tenso, palpitante y apuntando directamente hacia el rostro de la mujer. Elena dilató las pupilas; el contraste entre la cara de inocente del chaval y el tamaño de su juventud siempre la encendía.</p><p>Se deslizó lentamente por la pared de azulejos hasta quedar de rodillas sobre el frío suelo del baño. Desde esa posición, la vista de Julián era gloriosa: el pelo de Elena caía hacia delante, y el escote de su blusa dejaba ver la redondez masiva de sus pechos desde arriba.</p><p>—Mírame bien, Julián. Mira lo que le haces a la amiga de tu madre —provocó ella con una sonrisa lasciva, justo antes de abrir la boca.</p><p><strong>La Lección de Elena</strong><br />Elena no tuvo piedad. Juntó sus labios pintados de rojo y rodeó la punta con una calidez húmeda que hizo que Julián arqueara la espalda, ahogando un gemido para que no se escuchara al otro lado de la puerta. Comenzó con pasadas lentas, lamiendo la longitud, subiendo y bajando mientras usaba sus manos para acariciar los testículos del chaval con una maestría que lo estaba volviendo loco.</p><p><strong>El morbo de la situación</strong> —el riesgo de que alguien llamara a la puerta, el olor a perfume de mujer madura en el baño de hombres, y la sumisión de Elena— aceleró el ritmo del chico. Julián le puso las manos en la cabeza, hundiéndole los dedos en el cabello.</p><p>—Más&#8230; Elena, más adentro —pidió con la voz rota.</p><p>Elena lo miró desde abajo, con los ojos entrecerrados por el placer del juego, y aceptó el reto. Abrió la boca por completo, relajó los músculos de la garganta y se tragó la longitud del chaval de un solo movimiento fluido. La punta chocó contra el fondo de su laringe. Julián sintió la presión de la garganta profunda, un calor húmedo y succionador que nunca habría imaginado que existiera.</p><p>El chaval empezó a embestir con suavidad, pero la desesperación del placer lo dominó. Cada vez que se hundía en su boca, el rostro de Elena quedaba sepultado, y el crujido de la saliva y la respiración forzada de la mujer resonaban en el cubículo. Elena lo saboreaba con ganas, usando la lengua, succionando con fuerza cada vez que él intentaba salir, atrapándolo en ese vacío ardiente.</p><p><strong>El Final en la Garganta</strong><br />Julián sentía que el clímax era inminente. El roce de los labios de Elena, sumado a la presión de su garganta, lo tenían al borde del abismo.</p><p>—Elena&#8230; me voy, me voy ya —advirtió, intentando retirarse un poco por instinto.</p><p>Pero ella no lo dejó. Agarró al chaval firmemente por las caderas con sus manos de uñas pintadas, hincándoselas en la piel, y lo empujó hacia delante, obligándolo a enterrarse al máximo en su boca. Elena levantó la mirada, conectando sus ojos con los de él, exigiéndole con la mirada que no se guardara nada.</p><p>El chaval espasmó. Un gemido mudo escapó de su garganta mientras empezaba a eyacular con la fuerza de la juventud acumulada. Elena no se apartó ni un milímetro. Recibió la primera descarga directamente en el fondo de la garganta; se la tragó al instante, y continuó succionando mientras las siguientes pulsaciones inundaban su boca. Julián temblaba, con las piernas de gelatina, apoyando las manos en los hombros de ella para no caerse, viendo cómo la mujer madura se lo tragaba todo, absolutamente todo, sin pestañear.</p><p>Cuando el espasmo terminó, Elena se retiró lentamente, dejando salir un hilo de saliva plateada por la comisura de sus labios. Se pasó la lengua por los labios, limpiándose con una sonrisa de absoluta satisfacción.</p><p>—Buen chico —dijo con voz ronca, mientras se levantaba del suelo, recolocándose la blusa y devolviéndole la compostura a su imponente figura—. Anda, límpiate y vuelve al bar. No queremos hacer esperar a tu madre si te llama.</p><p>Elena le guiñó un ojo, abrió el pestillo y salió del baño con ese contoneo soberbio de caderas, dejando a Julián apoyado contra la pared, completamente vacío, con el corazón en la boca y la certeza de que estaba totalmente adicto a ella.</p>								</div>
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		<title>El deseo hacia esa mujer</title>
		<link>https://sevillax.com/el-deseo-hacia-esa-mujer/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Sevillax]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 05 Mar 2026 16:59:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relatos eroticos]]></category>
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									<h2>El deseo hacia esa mujer</h2><p>La tarde caía y el calor del verano pesaba en el ambiente, pero nada quemaba tanto como los nervios de Julián. A sus diecinueve años, arrastraba esa timidez clásica de quien ha mirado mucho y ha tocado poco; tenía esa expresión inocente, casi de asombro permanente, propia de un chaval que aún no sabía lo que era perderse en el cuerpo de una mujer de verdad.</p><p>Su madre le había pedido el favor de llevarle unos documentos a Elena, una vieja amiga de la familia. Julián cruzó el umbral del piso de Elena esperando una visita de cortesía de cinco minutos, pero el destino tenía un plan mucho más carnal.</p><p><strong>El Encuentro</strong><br />Cuando la puerta se abrió, a Julián se le cortó la respiración. Elena lo recibió con una sonrisa cálida y un aroma a perfume dulce mezclado con el calor de la piel. No era una chica de su edad; Elena era una mujer rotunda, madura, de esas que desbordan magnetismo y seguridad.</p><p>Llevaba un vestido de lino ajustado y un escote generoso, tan profundo que dejaba a la vista el nacimiento de unos pechos magníficos, firmes y abundantes, que subían y bajaban con cada respiración.</p><p>—¡Pero bueno, Julián! Qué cambiado estás, deshazte de la vergüenza y pasa, que hace un calor infernal —dijo ella, con una voz que vibró directo en el pecho del chico.</p><p>Julián asintió, incapaz de articular palabra, con la mirada imantada a ese escote que parecía tener vida propia. Al darse la vuelta para guiarlo hacia el salón, el espectáculo no hizo más que intensificarse. Elena poseía unas caderas anchas y un culo Prominente, majestuoso, que se mecía con una cadencia hipnótica al caminar. El vestido, tenso por las curvas, revelaba de reojo en los muslos y en la comisura de sus glúteos unas sutiles estrías nácar. Lejos de ser un defecto, esas marcas le daban un aspecto único, salvaje y peligrosamente real; eran las huellas de una feminidad madura y desbordante.</p><p><strong>La Tensión se Desborda</strong><br />Elena le sirvió un vaso de agua fría. Al inclinarse para dejárselo en la mesa ratona, el escote cedió por completo, ofreciéndole a Julián una vista panorámica de su pecho generoso. El chaval tragó saliva ruidosamente, sintiendo que la temperatura de la habitación subía diez grados. Su inexperiencia era evidente, y Elena, lejos de incomodarse, lo notó. Una chispa de picardía y deseo encendió sus ojos.</p><p>—¿Tienes calor, Julián? Estás rojo&#8230; —susurró ella, sentándose a su lado en el sofá, acortando el espacio hasta que sus muslos se rozaron. La piel de Elena estaba suave y tibia.</p><p>—Es&#8230; es que hace mucho calor fuera —alcanzó a mentir él, con la voz temblorosa.</p><p>Elena sonrió, complaciente. Se acomodó de lado, estirando sus piernas y dejando que el vestido se deslizara, exponiendo la redondez de su cadera. Con un movimiento lento, tomó la mano del chico y la colocó directamente sobre su propio muslo, justo donde la tela cedía y la piel mostraba esas estrías que a Julián le parecían el mapa del tesoro.</p><p>—Tócame sin miedo, entraste aquí como un niño, pero ya eres un hombre, ¿no? —provocó ella, acercando su rostro.</p><p><strong>La Iniciación</strong><br />El contacto eléctrico rompió el dique de la timidez de Julián. Guiado por el instinto puro de quien ha estado hambriento toda la vida, sus dedos inexpertos pero ansiosos recorrieron la piel firme de Elena. Subió por la cadera, delineando con reverencia cada estría, fascinado por la textura y el volumen de ese culo prominente que se amoldaba a su palma. Elena soltó un gemido ronco, echando la cabeza hacia atrás, lo que realzó aún más su busto.</p><p>Sin poder contenerse más, Julián se abalanzó hacia adelante. Sus labios buscaron el cuello de Elena, bajando rápidamente hacia ese escote enorme que lo había estado llamando desde que entró. Elena lo guio, desabrochando los botones del vestido para liberar del todo sus pechos. Eran grandes, cálidos y pesados. Julián los acunó con ambas manos, maravillado por la abundancia, hundiendo su rostro entre ellos mientras los saboreaba con una urgencia que a Elena la volvía loca.</p><p>—Así, mi amor&#8230; —gemía ella, enredando sus dedos en el pelo del chaval, guiando sus movimientos—. Disfrútame entera.</p><p>Elena se giró, quedando a cuatro patas sobre el sofá, ofreciéndole una vista espectacular de su retaguardia. La luz de la tarde iluminaba el relieve de sus curvas y la belleza natural de su piel. Julián, poseído por una audacia que no sabía que tenía, se pegó a ella. Sintió la opulencia de la carne de Elena abrazando su virilidad. Con las manos firmes en las caderas de la mujer, apretando la carne generosa y sabiendo exactamente dónde tocar, la embistió con la fuerza de la juventud combinada con la guía experta de una mujer que sabía perfectamente cómo hacer disfrutar a un hombre.</p><p>El salón se llenó de jadeos, del roce húmedo de los cuerpos y del aroma del deseo saciado. Julián saboreó cada rincón de esa mujer de buenas carnes, perdiéndose en un vaivén frenético donde su inexperiencia quedó sepultada bajo el placer más puro. Cuando el clímax los alcanzó, ambos colapsaron en el sofá, fundidos en un abrazo sudoroso y agitado.</p><p>Julián sonrió, con la mirada brillante y el pecho agitado, sabiendo que ya nunca volvería a mirar el mundo de la misma manera. Había sido bendecido por las manos, el pecho y las curvas de una mujer de verdad.</p>								</div>
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		<title>El polvo y la amistad</title>
		<link>https://sevillax.com/el-polvo-y-la-amistad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Sevillax]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Jun 2025 19:08:00 +0000</pubDate>
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									<h2>JEl polvo y la amistad</h2>
<p>Era una noche de Juernes ( noche de Jueves que se juntaba con el viernes los cuales los universitarios no tenemos clase, así que solemos salir a por todas. Esa noche Pedro llamó a Isabel para comentarle donde habían quedado pero Isabel no estaba muy animada y dijo que no iba a salir así que Pedro no insistió más. Pero en un semáforo se puso a pensar en su amiga, que le había ayudado cuando Elian le dejó y que había sido su pañuelo de lágrimas así que dio media vuelta y se fue a casa de Isabel para verla.</p>
<p>Isabel se sorprendió de escucharlo allí. Le abrió el portal y luego la puerta de su casa vestida con su pijama rosa de Hello Kitty que tanto le gustaba. Los amigos se pusieron a conversar y a beber, de una cerveza pasaron a una copa mientras hablaban y tenían la tele puesta de fondo. Entre risas y demás anécdotas la mano de Isabel se fue hacía el pantalón de Pedro y notó el pene de Pedro totalmente duro. Rápidamente ella quitó la mano y le preguntó que como es que estaba empalmado y Pedro le confesó que siempre se habían sentido atraído por ella, por su forma de ser, por su sonrisa y por su cuerpo, dijo mirando su abultados pechos los cuales estaban bajo su camiseta de pijama y que se balanceaban con los movimientos bruscos que hacía ella al moverse. Isabel se quedó callada y luego volvió a poner su manos encima del miembro de Pedro y comenzó a besarlo, no sé si por deseo o por pena el caso es que ambos amigos se estaban enrollando como siempre había deseado Pedro.</p>
<p>Al poco dejaron de besarse para irse al dormitorio de Isabel para tener más espacio para los dos sin que existiera la posibilidad de que vinieran cualquiera de sus compañeras de piso. Nada más cerrar la puerta Pedro se sentó en el borde de la cama e Isabel se puso de rodillas frente a él. le bajó la cremallera y luego el pantalón sacó la polla, Pedro, para estar más cómodo se quitó los calzoncillos. Isabel jugaba con la polla de él, moviéndolo de arriba a abajo, luego se quitó la camiseta para pasarse la polla entre sus pechos y los estrujaba para aprisionar mi polla entre ellos y moverla de arriba a abajo.</p>
<p>No tardó mucho en estar a tono y se subió a la cama, Pedro le quitó el pantalón del pijama y sus braguitas luego comenzó a lamerle el coño, cosa que hizo que ella poco a poco bajara acabando sentada encima del rostro de él, cosa que no le desagradó a ninguno. Isabel se agarraba al cabecero mientras sentí la lengua de Pedro dentro de su coño, más tarde echó el cuerpo hacia atrás para agarrar el miembro de su amigo , acabando en dándose la vuelta para comerle la polla a Pedro mientras que este le comía el coño, un 69 que se dice.</p>
<p>Cuando los labios de Isabel habían humedecido lo suficiente la polla de Pedro, ella movió su cuerpo como un gata en celo hasta colocar su coño encima de la polla de su amigo. la tomó y la puso recta para que entrara dentro suya y suavemente llegó a estar entera dentro de ella, Isabel se levantaba y se bajaba mientras movía sus caderas, Pedro viendo de espaldas a su amiga lo único que se le ocurrió hacer fue poner sus manos en las caderas de esta y seguir el ritmo y de vez en cuando estrujaba su trasero, algo que siempre le había gustado hacer y que por respeto a su amiga nunca había hecho pero esa era su noche, se estaba follando a su amiga a la que le tenía tantas ganas, desde que estaban en la guardería siempre le había gustado y en la adolescencia le había robado dos o tres besos jugando al conejo de la suerte o al juego de la botella, pero ahora estaban los dos solos y la noche era joven.</p>
<p>Pedro se incorporó y comenzó a besarle el cuello mientras que con sus manos estrujaba los senos de Isabel la cual paró de moverse pero aún teniendo el miembro erecto dentro de su coño húmedo, tras varios intentos de tomar la iniciativa por parte de Pedro, Isabel cedió y se levantó tumbado al lado de su mejor amigo el cual se puso entre su piernas para comerle el coño, comprobando que seguía húmedo, luego subió por el cuerpo de su amiga pasando por el ombligo, la barriga, el diafragma y llegando a los pechos los cuales besó primero, luego lamió y por último estrujó y mordió algo que dio súbito placer a Isabel.</p>
<p>Su polla se había vuelto algo morcillona pero rápidamente cuando la puso en la entrada del coño de Isabel se empezó a hinchar como un globo de payaso, y comenzó a darle fuertes embestidas en el coño chocando sus testículos contra la piel de Isabel, la velocidad aumentaba, Ella no se quejaba es más gemía más fuerte, Pedro llegó a una punto que notaba que aunque era placentero para su amiga debía ser cuidadoso y no ser tan violento en su embestidas , Isabel para amortiguar las embestidas se agarró a su cabecero de madera de la cama mientras seguía gimiendo de placer con las embestidas.</p>
<p>Parecía que los dos habían tenido la misma idea. Cuando Pedro se separo de Isabel para ponerse a cuatro patas ella había tomado la delantera y se había colocado sin tener que decir nada, Pedro con su polla bien erecta volvió a ponerla en la entrada de su conejo y comenzó a esconderla&nbsp; en el agujero cosa que volvía loca a Isabel la cual poco a poco se fue incorporando llegando a estar casi elevada agarrada al cabecero de la cama y gritando muy muy fuerte, Pedro la penetraba y la tomaba de los pechos llegando a conseguir que Isabel se corriera y el al poco también quedaron los dos exhaustos en la cama de Isabel.</p>
<p>Estuvieron un rato dándose besos y luego Isabel se fue a limpiarse la lefa que le corria por su cuerpo; llegando a los poco minutos con una sonrisa sus compañeras de piso les había escuchado. Volvimos a repetir como folla amigos.</p>								</div>
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