El lugar exacto club de intercambio en Sevilla
Julián sintió cómo el peso en su pecho desaparecía por completo, reemplazado por un pulso firme de adrenalina. Elena no se movió de su lado; permaneció de rodillas, pegada a él, sintiendo la firmeza con la que ahora la sujetaba de las caderas. Marcos, intrigado por el cambio de energía en la habitación, dio un paso al frente con una sonrisa ladina, quitándose la camisa y dejando al descubierto su torso ancho.
—Veo que el chico se despertó —dijo Marcos, su voz grave resonando en el reservado.
—No te confundas —intervino Elena, sin quitarle la mirada de encima a Julián—. Él decide cómo se juega esto.
Julián apretó el agarre en la cintura de Elena, atrayéndola hacia su regazo. La proximidad de su piel desnuda y la devoción con la que ella lo miraba le dieron una autoridad que nunca antes había experimentado. Miró a Marcos de arriba abajo, evaluándolo.
—Ponte detrás de ella —ordenó Julián, con una voz que sonó más firme de lo que él mismo esperaba.
Marcos obedeció sin dudar, estimulado por la nueva dinámica. Se acomodó en la cama justo detrás de Elena, extendiendo las piernas a sus lados y pegando su pecho a la espalda de ella. Sus manos, grandes y pesadas, subieron de inmediato a los pechos de Elena, amasándolos con fuerza mientras deslizaba la cabeza hacia su cuello para besarla.
Elena dejó escapar un gemido ahogado, pero sus ojos permanecían fijos en Julián.
—Mírame a mí mientras te toca —le susurró Julián a Elena, tomándole la barbilla con suavidad para asegurarse de que no rompiera el contacto visual.
Julián bajó su propia mano hasta la entrepierna de Elena, encontrándola completamente húmeda. Con un movimiento lento, introdujo dos dedos dentro de ella, sintiendo cómo sus paredes se contraían cálidamente a su alrededor. Elena arqueó la espalda, soltando un jadeo agudo que chocó contra los labios de Marcos, pero sus pupilas dilatadas seguían clavadas en Julián.
—Eso es… me perteneces a mí, Elena —dijo Julián, marcando un ritmo profundo con sus dedos.
—Sí, cariño… todo tuyo —alcanzó a articular ella, con la respiración entrecortada.
Marcos, viéndose guiado por la intensidad del momento, desabrochó sus pantalones y sacó su erección, ya rígida y gruesa. Presionó la punta contra la entrada de Elena por detrás, buscando su espacio, pero esperó la señal.
Julián observó la escena: la imagen de otro hombre a punto de poseer a Elena ya no le producía la punzada de angustia de antes. Ahora se sentía como el director de la escena, el eje sobre el cual giraba todo el placer de ella.
—Entra en ella, Marcos. Pero despacio —autorizó Julián, sin sacar sus dedos de la parte frontal de Elena.
Marcos empujó lentamente, llenando a Elena por detrás con un suspiro pesado. Elena cerró los ojos por un segundo ante la sensación de plenitud, pero Julián volvió a llamarla con un toque firme en su mejilla:
—Abre los ojos, Elena. Quiero que veas quién te está haciendo sentir así.
Elena obedeció de inmediato, dejando ver sus ojos oscuros nublados por el éxtasis. Marcos comenzó a moverse con embestidas ritmadas y potentes desde atrás, cada impacto haciendo vibrar el cuerpo de Elena contra el de Julián. Mientras Marcos la tomaba con la fuerza bruta de un desconocido, Julián mantenía el control absoluto de su placer, estimulando su clítoris con una precisión que la hacía temblar.
La combinación de la invasión de Marcos y el toque dominante de Julián llevó a Elena a un límite brutal. Sus gemidos ya no eran contenidos; resonaban en todo el reservado, mezclados con el sonido de los cuerpos chocando y la respiración agitada de Marcos.
—Me voy a correr, Julián… por ti, solo por ti —gemía Elena, aferrándose con ambas manos a los hombros de Julián, usándolo como su único ancla.
—Hazlo. Agrégame todo lo que tienes —respondió él, acelerando el movimiento de sus dedos justo cuando Marcos aumentaba el ritmo por detrás.
El cuerpo de Elena se convulsionó en un orgasmo violento que la hizo apretar los músculos internos con tanta fuerza que Marcos soltó un gruñido sordo, llegando también a su propio clímax unos segundos después. Elena se desplomó hacia adelante, escondiendo el rostro en el cuello de Julián, temblando por completo y dejando caer todo su peso sobre él.
Marcos se retiró despacio, respirando con dificultad, mirando a la pareja con una mezcla de respeto y satisfacción antes de acomodarse al fondo de la cama.
Elena levantó la cabeza, despeinada, con los labios hinchados y los ojos brillantes de adoración. Le plantó un beso húmedo y profundo a Julián, sintiendo el sabor a sudor y deseo entre ambos, antes de susurrarle al oído:
—Te lo dije… nadie me hace sentir como tú.
